Convocatoria ONPE: el favoritismo masivo suele perder plata
La convocatoria ONPE para 2026, con 23 mil puestos y pago de S/ 2.000, se volvió tema nacional este martes 24 de febrero, y no quedó solo en webs de chamba: también salpicó al mundo de apuestas, que huele tráfico caliente y al toque intenta convertir ansiedad en cuotas. Mi postura es incómoda. Pero la mantengo. Ya me costó plata aprenderla: cuando todos corren hacia el mismo lado, el valor, casi siempre, se queda botado en la vereda de enfrente.
No suena tan raro para una sección deportiva. Aunque parezca medio torcido. En Perú, cada pico de búsquedas bravas —como pasó con resultados de exámenes, preventas y anuncios públicos— termina metiéndose en la cabeza del apostador promedio, que compra más tickets, afloja el filtro y persigue favoritos como si regalaran aguinaldo en cada fecha. Y esa película, seamos honestos, casi nunca cambia el final: la mayoría pierde. Siempre.
Del trámite público al sesgo de favorito
Vamos con data dura del tema: 23.000 vacantes y S/ 2.000 por puesto explican la fiebre, y encima el proceso de observaciones a una lista de 2.769 coordinadores mete urgencia, una urgencia que en apuestas es prima hermana del error, porque cuando te entra el “tengo que asegurar” terminas apretando cuotas cortas sin mirar contexto. Así nomás. De ahí salió medio cementerio de bankrolls. El mío también.
En días como este, el apostador casual se parece al que juega una final sin mirar cómo llegan las piernas: solo ve escudo. Ese sesgo hoy se nota clarito en Champions. Leverkusen aparece en 1.81 ante Olympiakos, empate 3.80 y visita 3.90; el mercado te susurra que el local tiene la llave, sí, pero ese 3.90 no es un delirio estadístico, es una puerta medio abierta para quien aguanta varianza en vez de inventarse certezas cómodas.
Mi tesis contraria: el underdog vale más en días de ruido
Yo vengo de quemarme persiguiendo favoritos “obvios”. Feo. Una vez metí cinco combinadas con cuotas por debajo de 1.40 en una tarde parecida, jurando que era gestión responsable, y acabé mirando el saldo como quien mira una radiografía, en silencio, porque estaba todo roto y encima salía caro. Desde entonces, cuando hay ruido social fuerte, prefiero ir contra la marea: el precio del no favorito suele inflarse por miedo. Miedo de verdad.
Platense vs Defensa y Justicia también funciona como termómetro: 2.14 local, 2.86 empate, 3.95 visita. El consenso rápido compra Platense por pura inercia de precio medio, pero el número grande vuelve a caer en el lado incómodo, y si tengo que elegir una tesis de valor, me quedo con Defensa o empate, no porque “vaya a pasar sí o sí”, sino porque el retorno paga mejor el margen de error, que en el fútbol argentino suele ser más alto de lo que muchos aceptan entre asado, chamba y pronóstico heroico.
Cómo aterrizarlo sin vender humo
La traducción práctica para hoy no es bonita. Funciona. Menos combinadas, más selecciones simples, y cuando el mercado esté enamorado del favorito, mirar la contra antes de tocar el botón. Si una cuota de 1.80 implica cerca de 55.6% de probabilidad implícita, pregúntate si de verdad ves ese porcentaje en cancha o si solo te jaló el clima de redes. Casi siempre es lo segundo.
Y sí, puede salir mal. Claro. Apostar al underdog trae rachas picantes; te puedes comer cuatro verdes seguidos en contra y sentirte el más piña del Rímac a San Juan de Lurigancho. La idea no es acertar siempre, eso es floro para vender capturas; la idea es pagar menos por cada error y cobrar mejor cuando pegas, porque si juegas para no sentir variación, el mercado te exprime lento, como caño mal cerrado, que igual vacía el tanque.
Lo que espero para las próximas 48 horas
Entre este martes y mañana miércoles, con Champions y Liga Argentina encimadas, se van a ver tickets concentrados en favoritos por debajo de 1.50. Ahí paso. Prefiero líneas que incomodan: empate alto, doble oportunidad visitante o visita seca cuando el precio supera 3.50 y el contexto no sostiene tanta distancia. En ApuestaPro ya defendí esta lectura antes, me cayeron insultos, sí, pero el largo plazo tiene menos sentimentalismo que cualquier timeline.
Mi jugada contra el consenso para esta ventana es simple: sostener underdogs en partidos donde la narrativa vende trámite fácil. ¿Puede fallar? Obvio. También falla seguir al favorito por reflejo, solo que esa derrota paga peor y encima se siente más sonsa. Si la convocatoria ONPE dejó una lección fuera de las urnas, va por acá: cuando todos corren por lo “seguro”, lo seguro suele estar sobrecomprado.
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